El 2025 fue un año de retrocesos significativos para las trabajadoras del hogar, según el Informe de Fin de Año 2025 de La Alianza, que muestra que muchas trabajadoras terminaron el año con menos trabajo, menos ingresos y más inseguridad, en un contexto económico y político cada vez más hostil.
Los datos confirman que gran parte de las mejoras observadas tras la pandemia se desvanecieron. En su lugar, crecieron la precariedad laboral, la inseguridad económica y el desgaste emocional.
Menos trabajo y disminución de salarios
Uno de los cambios más claros fue el aumento del desempleo y del subempleo. Cada vez más trabajadoras reportaron semanas con cero horas de trabajo o con jornadas reducidas, reflejo de un mercado laboral cada vez más inestable.
Al mismo tiempo, aumentó el porcentaje de quienes ganaban 14 dólares por hora o menos, lo que afectó directamente la capacidad de cubrir gastos básicos.
Aunque muchas buscaron trabajo de forma constante, cada vez más terminaron con pocas horas o salarios que no alcanzan para cubrir lo básico.
En este escenario, pedir un aumento, un día libre o mejores condiciones se volvió un riesgo cuando el trabajo es escaso, indica el informe.
Vivienda y comida, cada vez más difíciles de costear
La inseguridad económica se profundizó a lo largo del año. En el tercer trimestre, el 62% de las trabajadoras no pudo pagar la renta o hipoteca a tiempo.
La inseguridad alimentaria también fue alarmantemente alta: más del 80% de las trabajadoras tuvo dificultades para acceder a alimentos suficientes en distintos momentos del año, el nivel más alto de inseguridad económica general registrado desde 2022, señala el informe.
El miedo como factor laboral
El informe también muestra cómo el miedo, relacionado con las políticas migratorias, se convirtió en un factor central en este sector. Muchas trabajadoras limitaron sus desplazamientos, evitaron buscar empleo o aceptaron condiciones injustas para no exponerse.
“Ya no buscan trabajo como antes, saliendo a tocar puertas. No aprovechan todas las oportunidades laborales que se les presentan”, dijo una limpiadora de casas del estado de Washington sobre algunas de sus compañeras. “Antes aceptaban cualquier trabajo que surgiera, pero ya no. Tienen miedo de salir de casa”.
Otras describieron cómo la reducción de horas o la terminación repentina de contratos las dejó sin ingresos inmediatos, obligándolas a aceptar trabajos más precarios.
Desgaste emocional y menos poder
El impacto no fue sólo económico. En el último trimestre de 2025, el 66% de las trabajadoras reportó un bienestar psicológico pobre o muy pobre, un aumento significativo frente a periodos anteriores.
Las dinámicas de poder también empeoraron. El porcentaje de trabajadoras que reportaron trato irrespetuoso aumentó del 32% al 38% a lo largo del año, mientras que solo el 9% se sintió muy cómoda pidiendo un día libre por enfermedad en el último trimestre.
“Los empleadores se aprovechan de la situación laboral porque saben que necesitamos el trabajo. Y no hay trabajo. Así que, quienes tienen empleo nos explotan”, dijo una cuidadora en el hogar de Massachusetts.
Una alerta para 2026
Más que un balance del pasado, el informe deja una advertencia clara. Sin acciones concretas que aborden la precariedad laboral, la inseguridad económica y la discriminación estructural, las condiciones que enfrentan las trabajadoras del hogar podrían empeorar aún más en 2026.



