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Cuando Linda comenzó a trabajar con una familia como niñera, le dijeron que había dos cámaras en la casa. No tuvo problema con ello. Entendía que los padres quisieran proteger a sus hijos y vigilar su hogar cuando estaban fuera. Pero con el tiempo descubrió que la vigilancia era mucho más amplia de lo que le habían informado.

«Nos vemos vigiladas desde el momento que entras hasta el momento que sales», contó durante una conversación entre un grupo de trabajadoras del hogar que se reúnen periódicamente para debatir temas de actualidad relacionados con el trabajo del hogar.

Su experiencia refleja una realidad cada vez más común. Según un informe reciente de la organización SafeHome, cerca de 75 millones de hogares estadounidenses ya cuentan con cámaras de seguridad, convirtiéndose en el dispositivo de seguridad en las viviendas más popular del país.

Pero mientras el mercado crece y la tecnología se vuelve más accesible, también aumenta el debate sobre qué significa trabajar dentro de una casa donde cada movimiento puede quedar grabado.

Seguridad para unos, tranquilidad para otros

No todas las trabajadoras ven las cámaras como una amenaza. Andrea, quien lleva años limpiando casas, asegura que para ella representan una forma de protección.

“Muchas veces me he encontrado fajos de dinero, entonces pienso, si hay cámaras, me siento segura, porque puedo decir: aquí estaba el dinero, lo moví para limpiar, pero ahí sigue. Eso me da tranquilidad”.

Su opinión está marcada por una experiencia que todavía recuerda con indignación. Hace años, una familia acusó a sus hijos cuando desaparecieron unas joyas mientras la acompañaban a trabajar durante unas vacaciones escolares. Llamaron a la policía e hicieron un reporte. Días después encontraron las joyas detrás de un espejo.

«Eso me dolió muchísimo…Si hubiera habido cámaras, hubieran sabido desde el principio que mis hijos no fueron».

Lizbeth, quien se dedica al cuidado de niños, considera que los sistemas de vigilancia son una herramienta razonable para muchas familias.

“Cuando no te conocen, aunque lleves referencias, ellos no saben quién eres. Es lógico que las primeras veces que haces un servicio van a estar al pendiente para conocerte más y saber quién eres”.

Muchas trabajadoras consideran que las cámaras sirven precisamente para demostrar que están haciendo bien su trabajo y para protegerlas de acusaciones injustas. 

En una discusión en un grupo de niñeras en Facebook, la mayoría coincidió en que no les molesta tener cámaras en el trabajo, desde que no estén ocultas y los empleadores informen de estas desde el inicio de la relación laboral.

Una relación laboral basada en la desconfianza

Sin embargo, para algunas trabajadoras del hogar el problema no es la existencia de las cámaras, sino lo que representan.

«Si tú no tienes la suficiente confianza para que yo limpie tu casa, entonces lo siento, no puedo limpiar tu casa», afirmó Eunice, cuidadora en el hogar con más de veinte años de experiencia.

Eunice dice que nunca ha trabajado en una casa con cámaras visibles y dice que preferiría no hacerlo.

«No sabemos con qué fin pueden usar los videos de uno que quedan grabados», comentó. 

Su preocupación no es infundada. En la mayoría de los estados, la grabación de vídeo mediante cámaras de seguridad dentro del hogar es legal sin consentimiento previo, siempre y cuando los dispositivos no se instalen en espacios donde las personas tengan una expectativa razonable de privacidad, como baños o dormitorios. No obstante, las leyes sobre grabación de audio suelen ser más restrictivas y varían según el estado.

Además, algunos estados han aprobado Cartas de Derechos de las Trabajadoras del Hogar que incluyen protecciones de privacidad incluidos, Massachusetts, Virginia y Connecticut, 

Sin embargo, los especialistas en privacidad y derechos laborales señalan que existe una diferencia entre lo legal y lo ético. Organizaciones como Hand in Hand, la red de empleadores de trabajadoras del hogar, recomiendan que los empleadores informen claramente a las trabajadoras sobre la ubicación de las cámaras y el uso que se dará a las grabaciones. 

Sin embargo, varias trabajadoras contaron de ocasiones en las que desconocían que estaban siendo grabadas o cómo se utilizaba el material registrado.

El miedo a las cámaras ocultas

Hace varios años, Adriana trabajó como cuidadora interna para una familia. Sabía que había cámaras destinadas a vigilar al adulto mayor que cuidaba. Lo que no sabía era que también había cámaras en el lugar donde dormía y en el baño donde se bañaba.

Según contó, el hombre que la empleaba terminó utilizando esas grabaciones de manera indebida y posteriormente intentó abusar de ella.

«Quedé espantada de las cámaras», dijo. «Me siento nerviosa cuando las veo y me pregunto cómo estarán utilizando lo que ven».

Sin embargo, las cámaras también le han sido útiles en algunas circunstancias, como cuando el elevador del edificio donde trabajaba se desplomó mientras ella estaba ahí. La grabación del incidente le sirvió como prueba para hacer un reclamo por el accidente.

Flor, quien además de ser niñera también limpia casas, dice que el uso de cámaras Ring, se ha vuelto mucho más común entre sus clientes. “Cualquier movimiento que tú hagas o cualquier cosa que ellos vean, al momento te llaman”, comentó. Como la mayoría de sus compañeras, no le molesta que haya cámaras, pero le preocupa que estas grabaciones queden “en manos de personas con problemas o con malas intenciones”.

Flor, además, planteó una dificultad a la que se enfrentan todas las trabajadoras del hogar:

«¿Quién controla lo que sucede en un lugar privado?» A diferencia de otros empleos, el hogar es simultáneamente una vivienda privada y un centro de trabajo. Esa dualidad dificulta la supervisión gubernamental y la aplicación de normas laborales.

La inteligencia artificial añade una nueva preocupación

Los avances de la inteligencia artificial también generan nuevas inquietudes entre las trabajadoras del hogar, pues las cámaras ya no solo graban sino que muchas incorporan reconocimiento de movimiento, almacenamiento en la nube, alertas automáticas, entre otros avances.

«La IA ha avanzado tanto que aunque uno no haya tocado nada, pueden manipular ese video y decir que sí [lo hizo]», expresó Eunice.

Especialistas en privacidad digital advierten que las trabajadoras del hogar ocupan una posición especialmente vulnerable dentro de los hogares inteligentes.

Una investigación reciente sobre trabajadoras del hogar en viviendas equipadas con tecnología inteligente encontró que la vigilancia constante puede alterar las relaciones laborales, limitar la autonomía de las trabajadoras y generar incertidumbre sobre quién controla los datos recopilados.

La preocupación no se limita a la vigilancia de los empleadores. Diversos investigadores también han advertido sobre vulnerabilidades de seguridad en cámaras ocultas y dispositivos domésticos conectados a internet, que pueden exponer grabaciones privadas a terceros. 

Entre la seguridad y la confianza

La conversación dejó claro que no existe una única posición entre las trabajadoras del hogar. Algunas consideran que las cámaras son una herramienta de protección que documenta la realidad y ayuda a construir confianza. Otras sienten que la vigilancia constante introduce un nivel de estrés incompatible con la privacidad y la dignidad en el trabajo.

Lo que sí comparten es una preocupación común: la falta de claridad sobre los límites. 

“Cuando hablo con mis jefes, les digo que no me opongo a las cámaras. Yo sé cómo trabajo y así usted se va a dar cuenta de mi trabajo. Pero sí me gustaría saber dónde están”, contó Adriana. “Yo lo dejo claro cuando se hace un contrato. Pero muchas compañeras no tienen esa posibilidad de preguntar”.

Autoría

Liliana Bernal es Reportera y Creadora de Contenido para La Alianza. Tiene más de 20 años de experiencia en periodismo y ha trabajado para medios audiovisuales de América Latina y los Estados Unidos, incluidos Univision, The Brooklyn Eagle y RCN TV. Liliana es becaria del Carter Center, donde realizó un documental sobre la salud mental en niños y adolescentes en Colombia. Su trabajo se centra principalmente en temas de justicia social, mujeres, inmigración y medio ambiente. Ha ganado varios premios por su trabajo, incluido un Emmy y el premio de periodismo Rey de España.

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